¿Cuántas veces no nos hemos sentido sin ganas de ir a trabajar porque simplemente la pasamos muy mal durante las horas que estamos ahí?

Y no me refiero a que sea por flojera o a que no nos guste lo que hacemos, ya que por algo se llama trabajo; sino más bien a cuando no queremos ir porque tal vez nuestro jefe es muy pesado, existe una mala actitud entre áreas, la empresa no ha cumplido promesas o necesidades, o diferencias entre los perfiles de los empleados que entorpecen el que las cosas sucedan. Todo esto es parte de lo que forma el clima o ambiente laboral y es una de las razones principales por la que los empleados pueden sentirse motivados o no para ir a trabajar todos los días.

Hace muy poco me tocó vivir en carne propia una experiencia bastante frustrante. Mientras yo estaba en una empresa, me buscaron de otra compañía para unirme a su equipo de trabajo. Esta empresa que me buscó era líder mundial en su industria y el puesto que me ofrecían representaba un gran crecimiento en mi carrera; además de quedar a mi cargo una marca que me llamaba mucho la atención. Después de que en la compañía en la que trabajaba entonces no me pudieron igualar la oferta, y a que como dicen “las oportunidades hay que tomarlas”; tomé la decisión – aparentemente obvia – de aceptar la oferta que se me presentaba. Todo pintaba a que al fin me había llegado una gran oportunidad en mi carrera profesional, pero poco me duraría el gusto.

Empecé en esta posición con todo el entusiasmo y ganas de demostrar por qué me habían escogido y hacer valer la oportunidad que se me había presentado. Sin embargo, me llevé una sorpresa cuando a tan sólo unos días de haber entrado llegué al punto de cuestionarme si había tomado la decisión correcta. Esto era algo que nunca antes me había pasado; por lo menos definitivamente no en tan poco tiempo. Y es que había muchas cosas que, desde mi punto de vista, no funcionaban de la mejor manera y hacían que la gente no estuviera contenta. Para no hacerles el cuento largo, no me estaban dando lo que me habían prometido en su oferta, faltaba mucho personal (por lo que la gente no se daba abasto en sus obligaciones), no había una clara división de trabajo entre áreas (esto hacía que de repente hubiera dos personas trabajando en la misma tarea o a veces nadie haciendo una tarea importante). Todo lo anterior, lo sentían todos los empleados, por lo que se sentían desmotivados y tenían la peor actitud; lo cual generaba un círculo vicioso en la que las relaciones laborales eran difíciles, se pedían cosas de mala manera y la gente no tenía actitud de ayudar. Todo porque, a final de cuentas, no estaban a gusto con su entorno laboral. Y claro que la empresa funcionaba y daba resultados puesto que tenía marcas líderes a nivel mundial que se vendían solas. Pero sin duda alguna si la gente estuviera motivada y contenta, los resultados que generaba esa compañía podrían ser incluso triplicados; sólo por escuchar a su gente.

Muchas empresas en el mundo hoy se han dado cuenta de esto y por eso creen que su activo más importante es su gente, pues son el motor de las operaciones de cada compañía. No importa el giro a la que se dediquen, en el día a día, no es el dueño o los directivos los que pueden estar en cada situación y operación que se realiza, sino la gente asignada para cada tarea y puesto.

Por eso, al contrario de mi experiencia, cuando los empleados están contentos, automáticamente se respira un ambiente de tranquilidad y compañerismo donde cada quien atiende lo suyo y da soluciones; lo cual consecuentemente trae beneficios a una compañía.

Hoy en día el ambiente laboral es un tema importantísimo para cualquier empresa, sin importar el tamaño que tenga ésta. Genera lealtad de sus empleados hacia ella y permite que la gente sea más eficiente al desempeñarse; generando por lo tanto, mejores resultados. Recordando lo que comentaba al inicio de esta nota, el clima laboral es generado por un conjunto de cosas: prestaciones y sueldos competitivos, horarios flexibles, comodidades dentro del lugar de trabajo (como una cocina o un espacio al aire libre para distraerse), entre otras. No se trata de tenerlas todas ya que pueda que no sea posible o costeable; pero sin duda los directivos deben estar escuchando constantemente a su gente, ya sea a través de encuestas o en el día a día, para saber si están contentos, si les falta algo o cómo podrían estar más felices. Recordemos que todos somos personas y tenemos las mismas necesidades y disfrutamos sentirnos cómodos; es indispensable sentirnos así en el lugar donde pasamos muchas horas todos los días.

 

Martín Pereznegrón

Splenda Brand Manager

Ciudad de México