Tengo 2 años de experiencia en el campo de desarrollo de software y junto a mi equipo de trabajo hemos tenido siempre la responsabilidad no solo de entregar un producto funcional, sino de entregar un producto que los usuarios utilicen.

Mi equipo y yo hemos estado habituados a escuchar necesidades, pero nuestro objetivo está en convertir esas necesidades en algo tangible, visual, y eficaz. A partir de este punto es que en el desarrollo de software y en todas las ramas de tecnologías de la información debemos encontrar el “efecto novedad” que hará que los usuarios se enamoren de una herramienta.

Ahora que nuestra empresa está familiarizándose con el campo de SaaS (Software como servicio), el reto se vuelve aún mayor al convertirnos en distribuidores de soluciones. Cuando nuestro equipo se sienta a planear cómo debe funcionar y verse una aplicación, buscamos que cuando el usuario la vea y use por primera vez, potencie su interés y motivación por ella, pero sabemos que estos efectos son temporales, por lo que nuestro verdadero reto es buscar que el efecto novedad produzca una rutina en el usuario para seguir usando una aplicación.

Pensemos en aquellos que se inscriben a un gimnasio, una actividad nueva, estrenan ropa, dispositivos nuevos, todo es motivación para descubrir que hay de nuevo… mientras disminuye el efecto novedad. Pero como equipo de desarrollo, debemos tener claro que toda novedad es temporal, es imposible evitarlo, y tras ello debemos prepararnos para buscar que haya constancia en el uso de nuestras herramientas. Y la constancia ya no se mueve por el “efecto novedad”, necesita de factores que capturen la completa atención de los usuarios.

Considero que una de las funciones que debemos darle al “efecto novedad” de toda aplicación consiste en trabajar un poco la mente del usuario, en proponer una herramienta ágil que el usuario sea capaz de intuir y manejar con pasos sencillos y visualmente agradables que trabajen su memoria, por ejemplo resaltando nuevas funciones con notificaciones y colores, el simple hecho de incluir un tour dentro de la aplicación, sin elementos distractores que causen confusión, pues la codificación de información en la memoria se ve influenciada por su novedad y la novedad mejora el reconocimiento de la información. Esto podría ser el puente entre el efecto novedad y la constancia que buscamos para que un usuario se case con nuestras herramientas.

Cómo equipo de desarrollo también debemos ponernos en lugar del usuario, pensar que nos atraería a usar un software, qué podría volvernos adictos a una herramienta. Considero que se pueden realizar mejoras en las micro-interacciones, que no son más que una respuesta al usuario por parte de una interfaz, generando una respuesta inesperada que sorprenda o agrade al usuario. Un ejemplo de micro-interacción son los corazones del Instagram al marcar una foto como “Me gusta”, o las pistas que ofrecemos en un formulario para completar una tarea, animaciones en botones, transiciones, etc. Todas estas micro-interacciones simplifican el trabajo del usuario con la interfaz y mejoran la experiencia de usuario sin generar intrusión.

Personalmente me gusta asumir el reto de planear y crear herramientas novedosas, aunque sé que no es sencillo.